miércoles, 30 de abril de 2008

Noadías

  • Noadías

Acuérdate, Dios mío, de Tobías y de Sanbalat, conforme a estas cosas que hicieron; también acuérdate de Noadías profetisa, y de los otros profetas que procuraron infundirme miedo (Nehemías 6: 14).

Lease: Nehemías 6

Noadías se nos presenta en contraste con Hulda. Las dos son profetisas: la diferencia es que Hulda inspiró la reforma que se realizó en tiempo de Josías, y Noadías contribuyó a obstaculizar la que se realizó en tiempo de Nehemías. Hulda era un profetisa auténtica, Noadías era falsa. Hulda hablaba inspirada por el Espíritu; en el caso de Noadías lo que decía era un mero producto de su imaginación.

Los profetas y profetisas recibían su inspiración de Dios, pero estaban además sometidos a su temperamento natural, a su disposición y al efecto de su propia formación voluntaria y personal. Sabemos, por ejemplo, que había escuelas de profetas y que la música ocupaba una parte importante en ellas.

Este aspecto mediato de Ia profecía (en oposición al inmediato o divino) daba por resultado la aparición de profetas falsos. Eran hombres y mujeres que eran por naturaleza excitables, entraban en estados de fervor exacerbado, y que iban por el país, con este estado de ánimo, imitando las palabras de Dios. Aun hoy vemos conversiones de este tipo, llenas de éxtasis y frenesí, en que todo es entusiasmo, espuma que es el mero producto subjetivo o una exacerbación aguda de la imaginación.

Hemos de considerar a Noadías como una mujer de este tipo. Pero, esta característica la hacía una mujer peligrosa. Esta mujer pseudo piadosa y nerviosamente excitable producía gran impresión por su pasión y celo, por su sinceridad. Las masas eran arrastradas a creer que ofrecía una revelación divina. Cuando ayudaba con sus exhortaciones a los aviesos planes de Tobías y Sanbalat, para estorbar la reforma de Nehemías, su palabra era efectiva.

La situación, en lo esencial, puede reducirse a lo siguiente. Este era el razonamiento, podemos suponer, de Noadías: «El Templo está en ruinas y los muros de Jerusalén destruidos. Es necesario instituir una reforma y esto es lo que intenta Nehemías. Pero la voluntad de Dios es hacerla a su debido tiempo no ahora. Ahora quiere que pasemos un periodo de humillación y disciplina, pues ésta es la maldición y castigo de Dios. Hemos, pues, de aceptar esta carga de Dios contentos y de buena voluntad, pues es el resultado de nuestros pecados. La reforma inmediata son meros esfuerzos humanos, no los planes divinos. Dios estorbará estos esfuerzos y Nehemías caerá a cuchillo si prosigue con su orgullosa reforma.»

Esto parecía a muchos un lenguaje piadoso. «Apartaos de los esfuerzos humanos, son el fruto del orgullo. Dios hará su reforma, ésta es Ia que necesitamos, no la de los hombres.»

Nehemías no hizo caso alguno de sus admoniciones. A un profeta de Baal se le habría opuesto por Ia espada. Pero esta falsa charla pseudo piadosa eran causa de desánimo para el pueblo, e incluso socavaba probablemente su propio ánimo. No entro en controversias con Noadías. Procuro evitar las asechanzas y lazos de Tobías y Sanbalat, y oro contra todos ellos: «Acuérdate, Dios mío, de Tobías y de Sanbalat...»

La oración fue contestada. El muro terminado. La reforma fue llevada a su cabo. En toda reforma hay en la Iglesia almas pseudo místicas que se oponen a su progreso. Las había en abundancia en la Reforma del siglo XIV, que obstaculizaban la labor de los héroes de la fe de entonces. Las hay incluso ahora. El arma más efectiva contra todos ellos es la oración.

Preguntas sugeridas para estudio y discusión:

1. ¿Qué comparación podemos hacer entre Hulda y Noadías?

2. ¿Cómo venció Nehemías a Noadías? ¿Podemos usar hoy las mismas armas?

3. ¿Qué aprendemos de este estudio?