miércoles, 30 de abril de 2008

La verdadera madre

  • La verdadera madre

"Entonces el rey respondió y dijo: "Dad a aquella el hijo vivo, y no lo matéis; ella es su madre"
(1 Reyes 3:27).

Léase: 1 reyes 3:16-28

No vamos a entretenernos a hablar de la sentencia de Salomón en sí, sino más bien a considerar los rasgos que nos revela la conducta de las dos mujeres en esta situación. Vamos a estudiar varios puntos distintos.

Las dos eran mujeres de vida reprensible. Las dos habían concebido y el hijo de cada una era ilegítimo. Este es el primer comentario. Pero después de esto vemos que la conducta de las dos difiere en algunos puntos y coincide en otros.

En primer lugar, incluso en una persona que ha sucumbido al pecado, y como estas dos mujeres vive del mismo, podemos hallar rasgos de verdadero valor. La madre verdadera por ejemplo, se opone rotundamente al sacrificio del hijo; en esto la segunda muestra entrañas insensibles, pues sabía que el hijo no era suyo. Sin duda, la segunda es una mujer mucho más depravada. Con todo, notemos que incluso ésta tiene una chispa de amor maternal por desviado que sea: procura poseer un hijo, aunque sepa que no es el suyo. Aquí nos duele tener que reconocer que incluso en países que llamamos cristianos no hay inconveniente por parte de algunas madres en hacer desaparecer un hijo, antes de haber nacido, para evitar el oprobio o la vergúenza pública que implica haber cometido una inmoralidad.

Salomón se atrave a dar una orden monstruosa porque sabía que las mujeres de su país se rebelarían ante una orden semejante y no se equivocó. La madre al punto cedió sus derechos al hijo para salvarle la vida. Hoy muchas mujeres se preguntan: ¿Cómo puedo librarme del hijo?

Incluso los animales, llevados por su instinto defienden a sus hijos. Una perra defiende a sus cachorros. Una madre, en un país cristiano, ¿cómo puede a sangre fría permitir que su hijo sea asesinado, o mejor dicho, cómo puede dar orden para que su hijo sea destruido?

Excepto en casos especiales, la expresión de afecto maternal tenemos que considerarla natural. Por el hecho de poseer este afecto, no hay motivo para que tengamos que colmar de alabanzas a una mujer. Es un instinto, una pasión para preservar la vida del hijo. Se encuentra hasta cierto punto en personas esencialmente egocéntricas. La madre del hijo ilegítimo es un caso ejemplar de afecto maternal, y por él merece nuestra alabanza.

Por otra parte, hemos de considerar que el mero hecho de que una mujer no haya sucumbido al pecado, no implica que represente un ideal de maternidad. Hay muchas mujeres que temen dar a luz, o bien que si han dado a luz finalmente a un hijo, lo ponen totalmente bajo el cuidado de manos extrañas.

Como resumen, hemos de decir que, al margen de su conducta censurable en otros aspectos de su vida, la madre verdadera del niño es un ejemplo de afecto maternal, que cuando es contemplada por muchas madres cristianas en nuestra sociedad, debería causarles sonrojo.

Preguntas sugeridas para estudio y discusión:

1. ¿Qué hallamos bueno en estas dos mujeres?

2. ¿Qué aplicación moderna podemos aprender de este estudio?

3. ¿Qué nos dice este relato bíblico respecto a ciertas formas de control de la natalidad?