miércoles, 23 de enero de 2008

La mujer de Jeroboam


La mujer de Jeroboam

«Entonces la mujer de Jeroboam se levantó y se marchó, y vino a Tirsa; y entrando ella por el umbral de la casa el niño murió" (1 Reyes 14: 17).

Léase: 1 Reyes 14:1-17

La lección que aprendemos de esta meditación es: hasta qué punto debe ceder una esposa a lo que le pide su marido. Esta historia nos da una respuesta bien clara.

Jeroboam era el rey de las diez tribus. Tenían por lo menos dos hijos, Abías (del cual se dice «se ha halIado alguna cosa buena en el delante de Jehová») y Nadab, su sucesor, del cual se dice que «hizo lo malo en ojos de Jehová».

En momentos de tribulación no es raro que la persona que no ha perdido todo contacto con Dios sienta impulsos de estar más cerca de Jehová. Y Jeroboam y su esposa, ante la enfermedad del hijo, sintieron este deseo. El hijo, Abías, estaba gravemente enfermo. El rey estaba ansioso para saber cuál sería el resultado de la enfermedad y no atreviéndose a ir personalmente a consultar al profeta Ahías, decidió que sería mejor que fuera su esposa, con la precaución de disfrazarse, para evitar que la reconociera.

La mujer se disfrazó y tomando varios presentes se dirigió a Silo y fue a la casa de Ahías. Es difícil imaginarse cómo podía esperar a Jeroboam que con un simple disfraz engañaría al profeta, pero muy pronto supo su esposa que esta treta no les daría ningún resultado. Apenas hubo oído el sonido de los pies de la reina, Ahías la saludó diciéndole: «Entra, mujer de Jeroboam. ¿Por qué te finges otra? He recibido para ti duro mensaje»

El mensaje era en esencia el siguiente: «Tan pronto regreses a la ciudad el hijo va a morir, porque Jeroboam ha hecho lo malo sobre todos los que han sido antes de él. Por ello, toda la casa de Jeroboam será destruida, tanto siervo como libre

¿Qué quieren enseñarnos las Escrituras con esta referencia en la historia a la esposa de Jeroboam? Es evidente, que no se trata de que no hay que engañar, ni que no hay que disfrazarse, sino algo distinto. El mensaje es que el principal pecado de la mujer de Jeroboam fue a asentir a la petición u orden de su marido, cuando esta orden estaba en discrepancia con los mandamientos del Señor.

El deber que tiene la esposa a estar sumisa a su marido y hacer su voluntad tiene sus límites. Estos límites no son lo que ella aprueba o desaprueba. El marido tiene autoridad sobre la esposa y en un caso de diferencia de opinión irreconciliable ella tiene que ceder. Sin embargo, el límite de esta sumisión lo marca la conciencia que no se puede transgredir. En cuanto la conciencia de la mujer le asegura que lo que pide su marido está prohibido por Dios, no sólo tiene que negarse a ello, sino que tiene que resistirse a cumplir sus deseos. La autoridad del marido no está por encima de la autoridad de Dios. La mujer que da su aquiescencia a los designios pecaminosos del marido ya no es una «ayuda idónea para él». Le ayuda a condenarse y se condena ella al mismo tiempo.

Preguntas sugeridas para estudio y discusión:

1. ¿Debe una esposa asentir a todas las demandas de su marido? ¿Qué nos dice la Biblia a este respecto?

2. ¿Cuál fue el pecado de la reina?

3. ¿Por qué castigó Dios a Jeroboam?