miércoles, 23 de enero de 2008

EL DIOS VIVO Y VERDADERO


EL DIOS VIVO Y VERDADERO

A1 comenzar a reflexionar acerca de la visión cristiana del hombre y de los decretos de Dios que sustentan la existencia del hombre, sin duda nos encontramos en medio de un mundo perturbado. Vivimos en tiempos de cambios vertiginosos. Menos de veinte años después de una guerra que se supuso haber sido en defensa de la democracia, esta democracia se halla casi en todas partes en estado precario y la libertad va rápidamente camino a la total desaparición. ¿ Quién habría pensado, hace veinte años, que al cabo de un período de tiempo tan breve la libertad de expresión y la de prensa iban a estar completamente exterminadas en grandes sectores de Europa occidental? ¿Quién habría pensado que Europa se fuera a hundir tan pronto en unas tinieblas peores que las medievales ?

Norteamérica no ha sido una excepción en cuanto a tal decadencia. La libertad se ve amenazada, y se cierne sobre nosotros en un futuro próximo el espectro de la vorágine sin esperanza de un estado colectivista.

No cabe duda de que si consideramos al mundo como a un todo, nos vemos obligados a reconocer que los fundamentos de la libertad y la honestidad están sufriendo un deterioro progresivo y que los lentos logros de siglos son arrinconados temerariamente.

En una época como esta de cambios caleidoscópicos, ¿ existe algo que siga inmutable? Cuando tantas cosas han demostrado no merecer nuestra confianza, ¿hay algo en que podamos confiar?

Hay por lo menos un punto claro ? no podemos confiar en la Iglesia. La Iglesia visible, la Iglesia tal como existe en la actualidad sobre la tierra, ha caído demasiado a menudo en el error y el pecado.

No, no podemos acogernos a la Iglesia en nuestro desengaño con el mundo.

Pero entonces, ¿hay algo a que podamos acogernos ? ¿ Existe algo que permanezca inmutable cuando tantas cosas cambian ?

Para esta pregunta tengo una respuesta bien concreta. Se contiene en un versículo tomado de la profecía de Isaías: "Sécase la hierba, marchitase la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre." Hay muchas cosas que cambian, pero hay una que no cambia. Es la Palabra del Dios vivo y verdadero. El mundo sufre decadencia, la Iglesia visible ha apostatado en forma considerable; pero cuando Dios habla podemos confiar en El, y su Palabra perdura para siempre con garantía absoluta.

¿ Dónde ha hablado Dios ? ¿ Dónde podemos encontrar la Palabra de Dios ? Traté de responder a esto en la primera parte de esta serie de charlas, que ha sido publicada con el título de La Fe Cristiana en el Mundo Moderno. Encontramos la Palabra de Dios en la Biblia. No decimos solamente que la Biblia contiene la Palabra de Dios; afirmamos que la Biblia es la Palabra de Dios. En una época de agitación y angustia, y en medio de las dudas y debilidades de nuestras vidas, podemos acogernos con confianza absoluta a ese Libro.

Cuando decimos que la Biblia es la Palabra de Dios, queremos significar en realidad algo muy concreto. Queremos decir que la Biblia es verdadera.

Queremos decir que los escritores de la Biblia, además de todos los requisitos providenciales que Poseyeron para su tarea, recibieron un impulso y asistencia inmediatos y sobrenaturales por parte del Espíritu de Dios, impulso y dirección que hicieron que se vieran libres de los errores que se encuentran en los otros libros. Como resultado de ello, este libro, la Biblia, es completamente verdadero en todo lo que dice acerca de cuestiones de hecho y tiene una autoridad absoluta en lo que ordena. Esta es la gran doctrina de la inspiración plenaria o total de la Sagrada Escritura.

Esta doctrina, al contrario de lo que a menudo se le ha imputado, no violenta la originalidad y personalidad del escritor bíblico ; y no quiere decir que se convirtieran en simples autómatas que no sabían qué hacían. Sí significa, en cambio, que la acción del Espíritu Santo en la inspiración fue sobrenatural. No fue una simple acción providencial de Dios, ni el simple empleo por parte de Dios de los recursos del universo que había creado ; fue una interferencia benévola y gratuita en el curso de la naturaleza por parte del poder inmediato de Dios.

Esta doctrina significa que la Biblia es obra de Dios y no del hombre. Otros libros dan la idea que aconsejan en cuanto a lo bueno y lo malo; este libro sólo aconseja acerca de lo bueno, o más bien da mandatos precisos que nos llegan con la plena autoridad del Dios soberano.

Esta serie de charlas que ahora comenzamos se basa en esta visión elevada de la Biblia. Trataré de examinar la Biblia con ustedes a fin de descubrir qué ha dicho Dios, no un simple hombre.

En esta presentación de lo que Dios nos ha dicho en la Biblia espero de verdad no carecer de sincera compasión por el hombre que no cree en lo que yo creo ; espero no carecer de simpatía por el que duda. Espero poderle mostrar a ese hombre en el curso de mis conversaciones que algunas de las objeciones contra las enseñanzas de la Biblia, moneda corriente entre nuestros contemporáneos, se basan en un malentendido de lo que la Biblia dice o en una falta de examen de pruebas importantes que confirman la verdad de la Biblia. Pero todo esto no debería confundir lo que trato de hacer. No intento presentarles lo que he descubierto por mí mismo ni tampoco ayudarles a descubrir cocas por ustedes mismos, sino que les pido que escuchen conmigo lo que Dios nos ha dicho en su Palabra.

En la serie de la que ésta que hoy iniciamos es continuación, ya comencé a hablarles acerca de lo que Dios nos ha dicho en su Palabra.

La revelación de Dios que se contiene en la Biblia, dijimos, no es la única revelación que Dios ha hecho. Dios se ha revelado por medio del universo que ha hecho. "Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos." También se ha revelado Dios por medio de su voz en nosotros, la voz de la conciencia. "Cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley, son ley para sí mismos." La Biblia pone el sello de aprobación en lo que se puede llamar "religión natural."

Pero la revelación de Dios por medio de la naturaleza no es la única revelación que Dios ha dado. Además de ella ha dado una revelación que se llama "sobrenatural" por razón de su naturaleza superior.

Esta revelación sobrenatural se necesitaba por dos razones.

En primer lugar, la revelación de Dios por medio de la naturaleza se había ido ocultando a los ojos de los hombres por razón del pecado. Las maravillas del mundo de Dios hubieran debido hacer que los hombres adoraran y glorificaran al Creador, pero su necio corazón se entenebreció. La voz de la conciencia hubiera debido decides con claridad qué era bueno y qué era malo, pero la conciencia de los hombres se había insensibilizado como cauterizada. Por ello el hombre pecador necesitaba una confirmación nueva y clara de lo que la naturaleza y la conciencia decían.

En segundo lugar ?y esto es todavía más importante que lo advirtamos? el hombre como pecador necesitaba que se le revelaran acerca de Díos ciertas cocas de las que la naturaleza y la conciencia no ofrecían ni el más mínimo indicio. Necesitaba que se le revelara la gracia de Dios. El pecado no sólo lo había cegado sino también perdido. Se hallaba bajo su culpa y maldición. Se encontraba bajo su poder. Necesitaba que se le indicara la forma en que Dios lo había salvado. La naturaleza nada decía en cuanto a esto. El conocimiento de ello sólo le podía llegar al hombre pecador en una manera que fuera sobrenatural en el sentido más estricto.

¡Qué maravillosamente rica es la revelación sobrenatural que se encuentra en la Biblia! ¡Cuánto supera a la revelación de Dios por medio de la naturaleza! Toda la doctrina de la Trinidad, la aparición y obra del Señor Jesucristo, la aplicación de la obra de Cristo por medio del Espíritu Santo, la promesa gloriosa de un mundo venidero ? todo esto no se nos manifiesta por medio de la naturaleza ; se nos dice en la Biblia y en la Biblia únicamente. Se nos comunican con una revelación que no es natural sino sobrenatural.

En la serie anterior, comencé a hablarles acerca de esta revelación. Les expuse la gran doctrina bíblica del Dios trino. Hay un solo Dios, pero en tres personas ?Padre, Hijo y Espíritu Santo.

En la médula misma de esa presentación de la doctrina de la Trinidad en la Biblia, según vimos, está la enseñanza referente a la divinidad de Jesucristo.

Hace unos mil novecientos años, vivió en Palestina una persona llamada Jesús.

Acerca de El hay dos opiniones.

Unos lo consideran simplemente como un gran genio religioso, como el fundador de una de las grandes religiones mundiales, como hombre que no mezcló su propia persona con el evangelio, que no exigió que los hombres tuvieran ninguna idea especial acerca de El sino que sencillamente les proclamó a Dios el Padre, que no pidió que los hombres tuvieran fe en El sino sólo en Dios de la misma forma que él había tenido fe en ese Dios. Según los que tienen esta idea Jesús fue tan sólo un maestro y ejemplo, el que abrió para el género humano una senda nueva hasta Dios. Esta es la idea de los incrédulos.
Pero hay otra idea acerca de Jesús. Según ella, la persona conocida en la historia como Jesús de desde toda la eternidad. Era infinito, ? Dios eterno a inmutable. Por medio de E1 fue hecho este vasto universo. Vino a este mundo por su propia voluntad. Tomó nuestra naturaleza, y .nació como hombre a fin de poder redimir a su pueblo en la cruz. Cuando vivió en la tierra, se ofreció a los hombres como objeto de fe, y no les pidió que tuvieran tan sólo fe en Dios como la que él mismo tenía, sino creyeran en El. Hizo depender la salvación de la fe en El. Murió en la cruz como sacrificio para satisfacer a la justicia divina y reconciliarnos con Dios. Es Dios y hombre en dos naturalezas distintas y una sola persona, y esto para siempre. Volverá y lo veremos con nuestros propios ojos. Esta idea de Jesús es la de los cristianos.

Vimos que esta perspectiva cristiana de Jesús es la que enseña en la Biblia, y es la que Jesús mismo enseñó en cuanto a su persona.

¿Se presentó Jesús a sí mismo mientras estuvo en la tierra sólo como ejemplo para la fe de los hombres ? ¿ Dijo tan sólo : "Creed en Dios de la misma forma que yo creo en El? ¿Fue indiferente a lo que los hombres pensaran de El ?

Estos interrogantes son fáciles de contestar si tomamos el relato bíblico acerca de Jesús como un todo. El Jesús que se presenta en forma total en la Biblia es evidente que se ofreció a sí mismo a los hombres como objeto de fe, y que hizo de la fe en su persona algo esencial para conseguir la vida eterna.

Pero los incrédulos no aceptan la presentación completa de la Biblia acerca de Jesús. Bien, entonces, le diré al amigo incrédulo : "Aquí times un Nuevo Testamento. Tómalo y escoge el pasaje que quieras para demostrarme que lo forma de pensar acerca de Jesús es la adecuada. Sé que no lo gustan los pasajes que yo lo cito. Veamos, pues, qué dicen los pasajes que tú escoges."

En nuestra serie anterior de charlas vimos que cuando se invita al incrédulo a que escoja un pasaje, lo más probable es que recurra al Sermón del Monte. En él, dicen los incrédulos, tenemos a un Jesús no teológico, a un Jesús que dio mandatos elevadísimos y dio a entender que estos mandatos se podían obedecer fuera cual fuere la idea que los hombres tuvieran acerca de El. No cesan de decirnos esto. La teología, se nos dice, .no es lo importante, ni siquiera la teología que se ocupa de Jesucristo. Si, prosiguen, los hombres se decidieran tan sólo a hacer lo que Jesús dice en el Sermón de la Montaña, sería macho mejor que llegar a algunos acuerdos en cuanto a El o al significado de su muerte.

"Bien," le diré a ese amigo incrédulo, "tomemos sólo ese pasaje que has escogido, veamos sólo el Sermón de la Montaña, y examinemos si realmente presenta lo idea de Jesús, si en realidad nos presenta un Jesús que fuera tan sólo un maestro y ejemplo y que no pidió a los hombres que tuvieran ninguna idea específica elevada en cuanto a El.

Esto hicimos en nuestra última serie. Tomamos el Sermón de la Montaña pare examinarlo desde esa perspectiva. ¿Y qué descubrimos? ¿Descubrimos un Jesús que no identificó su persona con el evangelio que predicaba y que no se preocupó de lo que los hombres pensaran de El!

Respondimos en forma rotundamente negativa. Lo que describimos en el Sermón de la Montaña fue un Jesús que en la forma más sorprendente otorgaba las recompenses en el Reino de Dios, un Jesús que situó sus mandatos en completa paridad con los de Dios en el Antiguo Testamento, un Jesús que no dijo como los profetas, "Así dice el Señor," sino que dijo, "Mas Yo os digo," un Jesús que llamó bienaventurados a los que mantuvieran una determinada relación con Él ?"Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo" ? un Jesús que dijo de sí mismo que un día se sentaría en el mismo tribunal de Dios tiara determinar el destino final de las hombres de forma que a unos los enviaría al castigo eterno y a los otros a la vide perdurable.

No, en el Sermón de la Montaña no podemos hallar ningún indicio que nos permita eludir al Cristo del resto del Nuevo Testamento. No hallamos en dicho pasaje ?por favorito que sea de los incrédulos? ningún Jesús simplemente humano que se mostrara indiferente a lo que los hombres pensaran de E1 y que les pidiera tan sólo que lo tomaran como ejemplo suyo que siguieran sus pisadas en la senda hacia Dios. Encontramos en ese pasaje al igual que en cualquier otro pasaje a un Cristo y a uno solo ? el Cristo que fue verdadero hombre y verdadero Dios.

Si, por otra parte encontráramos de hecho en el Nuevo Testamento el Cristo que algunos buscan, un simple líder y ejemplo, un simple descubridor de la senda que conduce hasta Dios, ¿qué bien haría este Cristo a nuestras almas ? ¿ Qué bien produciría un simple guía y ejemplo a quienes, como nosotros, estamos muertos en nuestras transgresiones y pecados y nos hallamos bajo la justa ira y maldición de Dios ?

Recuerdo que hace unos cuantos años dirigí la palabra a una asamblea que se reunió en Philadelphia pare estudiar el tema "La Responsabilidad de la Iglesia en esta Nueva Era." Uno de los oradores, que no era cristiano ?quiero decir que ni siquiera se profesaba cristiano? dijo unas cuantas cosas muy agradables en cuanto a Jesús. Pero el punto culminante de su perorata fue la cite de las palabras de Jesús tomadas del Antiguo Testamento referentes al error de Dios y del prójimo: "Amarás al Señor lo Dios con todo lo corazón, y con toda lo alma, y con toda lo mente, y amarás a lo prójimo como a ti mismo."

"¿Acaso esto, que no es ningún dogma, no es suficiente pare cualquiera?" dijo el orador.
Desde luego que lo es un dogma o doctrina, sino un mandamiento. ¿Pero tuvo razón el orador en pretender que es suficiente para cualquiera; y si tuvo razón en esto, por qué los cristianos insistimos en agregarle doctrinas entre las que figura la de la divinidad de Cristo? ¿Por qué ,no nos contentamos con decir, "Amarás al Señor lo Dios, y amarás al prójimo como a tí mismo"? ¿ Acaso no es suficiente para cualquiera ?

¿Cuál es la respuesta desde el punto de vista cristiano ? Es muy sencilla. Sí, no cabe duda de que el gran mandamiento doble de Jesús, "Amarás al Señor lo Dios con todo lo corazón, y con toda lo alma, y con toda lo mente, y amarás al prójimo como a ti mismo" es más que suficiente para cualquiera. Ah, pero el caso es amigos, que es demasiado. Ahí está el problema. Esta es la única razón de por qué somos cristianos. Este mandamiento estupendo de Jesús es demasiado riguroso ; es tan riguroso que no hemos acertado a cumplirlo. Si hubiéramos amado a Dios y a nuestro prójimo, en la forma elevadísima que requirió Jesús, todo habría estado bien; nada aparte de esto habríamos necesitado ; no habríamos necesitado ninguna doctrina de la Cruz de Cristo porque no habríamos necesitado ninguna cruz de Cristo ; no habríamos necesitado ninguna doctrina de la persona de Cristo ?Dios y hombre en dos naturalezas distintas y una sola persona? porque no habría habido necesidad de que Cristo se hiciera hombre. Hubiéramos sido justos, y no se hubiera necesitado un Salvador.

Pero el hecho es que somos pecadores. Esta es la razón de que necesitemos algo más que un maestro, que un ejemplo, que un legislador. Por esto necesitamos lo que los incrédulos desprecian por considerarlo simple doctrina pero que nosotros preferimos llamar el evangelio. Por esto nos aferramos con toda nuestra alma a las grandes doctrinas bíblicas de la persona y obra de Jesucristo.

Supongan que yo hubiera escuchado a Jesús sólo como a gran ejemplo y legislador. Supongan que yo hubiera oído que decía, "Amarás al Señor lo Dios y al prójimo como a tí mismo"; supongan que lo hubiera oído decir, en el Sermón de la Montaña, "Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios." ¿ Qué podría decirle entonces ? Le diría : "Te doy las gracias, Jesús ; esto es lo que necesitaba saber; estoy tan feliz de saber que si amo a Dios y a mi prójimo y soy limpio de corazón todo irá bien y entrar é en el Reino de Dios."

Amigos míos, lo cierto es que no sé qué diría, aunque desde luego no sería nada parecido a esto. Sólo podría decir, después de escuchar los mandamientos de Jesús : "Ay, estoy perdido ; no he amado a Dios ni al prójimo; no he sido limpio de corazón; soy pecador; Jesús, ¿no tienes nada, aparte de tus exigentes mandamientos, para decirme ?

Cuando me llego a Jesús de este modo como pecador, confesándole que no he obedecido sus mandamientos y que no tengo nada que ofrecerle sino que soy completamente indigno y desvalido, ¿ tiene algo que decirme ? Se limita a decir : "Ya has oído mis rigurosos mandamientos ; esto es todo lo que tengo que decirte ; este es todo el evangelio que tengo para ofrecerte ; esta es toda la doctrina que necesitas."

No, gracias a Dios, esto no es todo lo que tiene par darme ese frío consuelo de un mandamiento que no he cumplido ni puedo cumplir. Me da algo más que esto. Se me da a sí mismo. Se me ofrece a sí mismo en la Biblia como mi Salvador que murió por mí en la cruz y que ahora vive como aquel en quien puedo confiar. Se me ofrece a sí mismo en las grandes doctrines de su persona y obra. Si hubiera sido distinto, no habría podido salvarme y yo no podría confiar en él pare que me salve. Pero como es el mismo Dios, me pudo salvar y me salvó y el Espíritu Santo me ha unido a El por medio de la fe.

¿Lo ven, amigos? Esta es la razón de que el cristiano insista en la doctrine de la divinidad de Cristo. No la considera como algo puramente académico, sino que recurre a ella como náufrago que se aferra a la tabla que lo puede salvar de ahogarse. Ningún Cristo inferior al del Evangelio podía salvarnos ; este Cristo solo pudo salvarnos de la muerte eterna.

Desde esta perspectiva vamos a enfocar lo que esperamos exponer en las charlas siguientes. La doctrine presentada en la Biblia no es pare nosotros un asunto de interés curioso ; no es algo pare ser relegado a los seminarios o aulas. Es un asunto de importancia trascendental ; es un asunto de vide o muerte. Nos hallamos al borde de la eternidad. Somos pecadores. Merecemos la ira y maldición de Dios. Nuestra esperanza radica sólo en lo que Dios nos ha dicho en su Palabra. Escuchémosla mientras tenemos tiempo.