jueves, 8 de mayo de 2008

María la de Roma

  • María la de Roma

Saludad a María, la cual ha trabajado mucho por vosotros (Romanos 16:6).

Al terminar su carta a la iglesia de Roma Pablo envía sus saludos apostólicos a veinte personas, a las cuales menciona por sus nombres. Entre ellas se encuentra una mujer romana a la que llama María, posiblemente un nombre adoptado en el momento del bautismo. Pablo dice de ella: «Saludad a María, la cual ha trabajado mucho por vosotros. Más adelante (v. 12) dice: «Saludad a la amada Pérsida, la cual ha trabajado mucho en el Señor.»

Algunos teólogos han conjeturado por estas afirmaciones que las dos eran evangelistas, empleadas en la diseminación directa del evangelio a través de contacto personal, algo así como lo que hacen algunas mujeres dentro del Ejército de Salvación. Otros consideran que lo que hicieron fue extender hospitalidad a otros que eran los que propagaban el Evangelio.

La forma de expresarse Pablo nos hace pensar que hacían más que esto, aunque no sabemos exactamente qué. No es probable que fueran diaconisas, en el sentido que damos ahora a la palabra, pues Pablo probablemente lo habría indicado. No es probable que predicaran directamente en público, pues de haberlo hecho es dudoso que Pablo lo hubiera considerado digno de elogio.

Como sea, y aunque no podemos especificar el tipo de actividad a que se dedicaban, esto no nos hace dudar de la eficacia de su labor, elogiada por Pablo. Una mujer, cualquiera que sea su estado en la vida tiene numerosas oportunidades para ayudar a la causa de Cristo.

En aquellos tiempos (y hoy) podía ayudar a través del marido, o las personas asociadas con él, sobre sus hijos o las familias de los amigos de sus hijos. En los tiempos de la Iglesia de Roma, había muchos problemas que nosotros no conocemos. Esposas cristianas frustradas porque sus maridos permanecían paganos. Esclavos convertidos (o quizá sirvientes) que se veían obligados a servir en casas paganas. Hijos cuyos padres le prohibían bautizarse. En muchas casas no dejaban entrar a nadie que hubiera podido propagar el evangelio. Como sea, una mujer tenía numerosas oportunidades para servir.

El servicio de María de Roma es posible que fuera distinto del de cualquiera de las otras Marías que hemos visto, pero con todo era de suma utilidad para la congregación de Dios. Y al revés, una forma de servir, es evitar que la influencia personal pueda causar detrimento a la causa de Cristo. Este es el caso de la mujer chismosa o intrigante.

La mujer, incluso cuando su ocupación principal es el hogar y los hijos, por tener sobre sí estas responsabilidades, no tiene por qué limitarse a ello y cortar todo contacto con el mundo. Hay numerosas ocasiones en que puede servir al Señor con su ingenio y energía.

PREGUNTAS SUGERIDAS PARA ESTUDIO Y DISCUSION

1. ¿Eran María y Pérsida evangelistas?

2. ¿Qué hicieron estas mujeres que Pablo comentó con elogio?

3. ¿Cuáles son las seis Marías mencionadas en el Nuevo Testamento?