sábado, 25 de agosto de 2007

Devocional (2) 31, de Julio de 2007

JULIO 31, 2007
Ser discípulo, parte II
La aventura de caminar con Jesús nunca será plenamente nuestra hasta que estemos dispuestos a darle la espalda a aquello que, en otro tiempo, considerábamos bueno e importante.

Dramática revelación - Jesús confirma que es el Mesías
Título: Ser discípulo, parte II
Texto Bíblico base: Mateo 16:13-28

Nuestro estudio de la vida de Jesús nos ha traído hasta una de las frases más conocidas de Cristo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame». La frase, dirigida a la multitud de personas que se agolpaban alrededor del Mesías, posee una claridad y una contundencia que no dejan lugar a dudas acerca de su significado. En unas pocas palabras Jesús aclaró que ser discípulo implicaba mucho más que responder a la atracción momentánea que podía tener una figura que gozaba de gran popularidad entre los israelitas. Ser discípulo implicaba abrazarse a un estilo de vida que poseía matices radicales.

El fundamento sobre el cual descansa esta experiencia de ser discípulo es el sacrificio personal. La negación de uno mismo, sin embargo, solamente resulta comprensible cuando forma parte de una respuesta a la visión de algo mayor a uno mismo. La esperanza de una vida llena de significado está encerrada en la persona de Jesús y la promesa de aventura que promete la sencilla y contundente invitación: «sígueme». De este modo, nuestro sacrificio es respuesta al sacrificio que él primeramente ha realizado a nuestro favor al presentarse ante nosotros con esta propuesta.

Negarse uno mismo suena extraño en nuestra presente cultura, que tiene como objetivo asegurar, por todos los medios posibles, el bienestar propio. Aun las incomodidades más insignificantes, como estar en pie en el tren o esperar para que nos atiendan por teléfono, con frecuencia afectan adversamente nuestro humor, como si estuviéramos pasando por una intolerable tribulación. Arrastrados por la tendencia de considerarnos siempre víctimas, más bien creemos que es nuestro deber luchar para asegurar que se respeten y garanticen nuestros derechos.

No hace falta señalar que esta actitud es esencialmente contraria al llamado de Cristo, que invita a que le demos la espalda a todo lo que, hasta el momento, ha sido prioritario en nuestras vidas. Al adoptar esta postura no hacemos más que imitar el ejemplo del Hijo de Dios, «no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo... y se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte» (Fil 2.6, 7).

El fundamento necesario para ser un discípulo es también el obstáculo más grande para una vida comprometida con Cristo. Los evangelios proveen muchos ejemplos de personas que presentaron una diversidad de excusas para justificar que no podían seguir a Jesús incondicionalmente. Su respuesta, la cual sirve como reflejo de nuestras propios condicionamientos, nos ayuda a ver cuán fuerte es en nosotros el querer asegurar el beneficio sin estar dispuestos a ceder en nada en cuanto a nuestro presente estado. Para muchos de nosotros la vida cristiana constituye un medio para agregarle algún bien adicional a la vida que ya vivimos. No obstante, la aventura de caminar con él nunca será plenamente nuestra hasta que estemos dispuestos a darle la espalda a aquello que, en otro tiempo, considerábamos bueno e importante.

La negación es el primer paso para constituirse en discípulo. ¿Cuál es el segundo? ¿Qué implicaba para los discípulos esto? ¿Por qué Cristo consideró importante mencionar este segundo paso?